¿Machismo en la literatura? No, qué va

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¿Machismo en la literatura? No, qué va

La mayoría afirmamos ser conscientes de comportamientos inadecuados a la hora de leer. Sin embargo, ¿cuántas de esas declaraciones son verdad?

El tipo de lecturas que demanda la población, al igual que el pensamiento a lo largo de la historia universal, ha ido evolucionando. En su mayoría, dicho avance ha sido de gran ayuda, aunque sigue habiendo una negación constante hacia la completa desaparición de algunas situaciones. Dentro de esta afirmación podríamos incluir diferentes conceptos como la eliminación del racismo o de la homofobia, pero sin embargo hoy nos queremos centrar en uno en concreto: el machismo.

Este tema ha dado lugar a grandes polémicas tanto en debates físicos como en redes sociales, y la literatura no iba a ser menos. Así, hoy en día nos seguimos encontrando con comportamientos machistas en multitud de libros al alcance de cualquiera. Quizás eso no sería tan grave si la población pudiera diferenciar cuando se encuentra con uno de ellos y descartarlo: el problema reside en que este no es el desarrollo de acontecimientos habitual, sino que esta literatura continúa produciéndose y llegando, en ocasiones, a la lista de los libros más vendidos.

Sin ir más lejos, citamos textualmente fragmentos del conocido best seller After:

– ¿Qué coño ha sido eso? – me espeta.
<<¿Está de broma?>> Miro mi muñeca, que me sujeta con fuerza, y deduzco que no. No me hace daño pero tampoco me deja moverme.
–¿Qué?
– Ese tío.
– ¿Qué pasa con él? Lo he conocido esta mañana en el ascensor.
Recupero mi muñeca de un tirón.
– No parecía que os acabarais de conocer. Estabais flirteando en mi cara.

Podemos observar una clara posesión, los celos y en resumen, el machismo. Sin embargo, muchos lectores ni lo mencionarían, y eso que no está precisamente escondido.

Por resaltar otro caso, nos remitimos al fenómeno de 50 sombras de Grey. Aquí no hace falta tanto resaltar texto como mencionar el hecho de que a pesar de mantener una relación sadomasoquista (la cual, por supuesto, es respetable ya que somos libres de elección) se trata a la mujer como la sacrificada – recordemos, Anastasia no quiere ese tipo de relación – y se justifican las agresiones posteriores por un pasado “oscuro” que difícilmente resuelve la violencia. Sin embargo, la mayoría hemos escuchado algún comentario como Ojalá me quisiera alguien como Christian Grey. Y en este tipo de comentarios es donde deberíamos replantearnos cómo de avanzada está la sociedad.

No hace falta remitirnos a ejemplos tan claros: de vez en cuando pasamos por alto frases que, teóricamente, deberían llamarnos la atención. Esto ocurre, al igual que en nuestra vida diaria, por la no tan clara aceptación de la igualdad entre mujeres y hombres. ¿Cómo se traduce esto en literatura? De infinitas maneras. Desde el padre con un trabajo de mayor cargo hasta la identificación de personajes femeninos como los débiles o incapaces de luchar.

Por cierto, ¿A qué no sabéis las apuestas que hay en torno al Premio Nobel de la Literatura? 4 hombres y 1 mujer. Vaya, qué sorpresa.

Desde aquí invitamos a reflexionar por qué hemos tenido como uno de los mayores éxitos de gran pantalla una historia que desembocó en la creación del hashtag #50dollarsnot50shades contra la violencia de género (¡Eso sí, no os olvidéis de comprar por anticipado entradas para la segunda parte!), o por qué miles de lectores se fascinan ante la sumisión de la mujer. Pero tened cuidado, muchos os tacharán de feminismo radical y de ser unos amargados por no querer una relación “de verdad”. Sí claro. Como la de Hardin y Tessa.


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