Entrevista a Manel Loureiro

Infoliteraria tuvo el placer de entrevistar al escritor bestseller Manel Loureiro compartimos con vosotros los detalles que nos desveló

Hace unos días, tuvimos el placer de entrevistar a Manel Loureiro, el escritor pontevedres que ha vuelto a poner de moda los zombies en nuestro país.

En primer lugar, muchas gracias por concedernos esta entrevista Manel.

¡Gracias a vosotros! Es un placer auténtico tener aquí a Infoliteraria. Aquí, en un sitio donde no viene nadie que yo no quiero que venga y vosotros venís porque sois siempre bienvenidos.

¡Muchas gracias!

Bueno, tu último libro, Fulgor, es un éxito. Has ido a todo el mundo y en este nos cuentas la historia de Cassandra ¿Qué ve auras?

Es capaz de ver algo que el resto de la gente no puede ver.

FulgorLa historia de Fulgor es la de una mujer normal y corriente que de golpe se ve en una situación extraordinaria. Y esta situación es así porque tiene acceso a algo que nadie más puede ver. Algo que nos afecta a todos en nuestra vida, en nuestra salud, en nuestro estado de ánimo…y es algo tan increíble que no puede compartir. Y por culpa de ver eso, despierta algo antiguo, poderosos, malvado, que quiere lo que Cassandra tiene, pero ella no sabe lo que es, pero ellos saben que es algo que quieren y necesitan.

Y a partir de aquí es donde empieza la historia de Fulgor y donde empieza la historia de una mujer que de repente tendrá que descubrir donde están sus límites y que es lo que realmente está dispuesta a hacer por salvar la vida de sus seres queridos y que es lo que realmente está dispuesta a hacer por descubrir la verdad, aun sabiendo que el precio puede ser disparatado.

Hablas de la líneas rojas. ¿Es verdad que existen en el día a día de una persona?

Existen líneas rojas que nos rodean siempre a ti, a mi y a todos. Las líneas rojas pueden estar trazadas por múltiples causas. Por la educación, las leyes, nuestra moral, nuestra forma de entender y ver el mundo. No todos tenemos las mismas líneas rojas. Tu no tienes las mismas que un señor de Gana o de Zimbabwe porque pertenecéis a un entorno cultural distinto pero si que es cierto que hay ciertas líneas rojas que son universales. Y si que es verdad que hay ciertas líneas rojas que son muy marcadas y otras más sutiles.

Digamos que por ejemplo yo en el Sant Jordi, me voy de la parada y me llevo un boli. Técnicamente lo he robado pero lo que no voy a hacer es volver a Barcelona a devolver un bolígrafo que vale veinte céntimos. Entonces es una línea roja muy sutil. Luego están las profundas que no cruzarías nunca. Porque si yo te digo “Baja a la calle, sabes esos obreros, y asesina a la primera persona que te encuentres” ¿Qué me vas a decir? Que no lo puedes hacer. No lo puedes hacer moralmente porque te enfrentarás a unas consecuencias. Estas segura que no puedes cruzar esa línea roja.

Pero si yo te digo “Baja a la calle y asesina a la primera persona que veas porque si no lo haces, yo no haré una llamada y si yo no hago esa llamada dentro de cinco minutos, tu hermana, tus padres, tu pareja; la persona que más quieras en el mundo va a morir” y de repente te das cuenta que esa línea roja que era absolutamente férrea, infranqueable, se vuelve más sutil, más etérea. Y la pregunta ya no es si lo vas a hacer o no, la pregunta sería, cuanto tiempo vas a tardar en salir por esa puerta, bajar la escaleras y matar a la primera persona que veas.

¿Qué significa esto?

Pues que el ser humano se mueve en una zona difusa entre el bien y el mal. No existe el mal absoluto ni el bien absoluto, eso solo existe en lo mundos y libros de Tolkien, que es muy maniqueo. Es decir, los buenos, prístinos y puros y los malos son porque el mundo los ha hecho así y necesitan ver el mundo arder a su alrededor. No hay nadie que sea así en términos absolutos.

Pero en tu libro hay unos malos absolutos que disfrutan viendo a la gente sufrir.

Hasta la persona más malvada puede encontrar una justificación.

Tu le preguntas a un asesino múltiple el por qué lo hace y el te puede dar una respuesta totalmente razonada de porque lo está haciendo.

Todo esto surge cuando estaba en una lectura para el Último Pasajero. Era un libro de Hannah Arendt “Eichmann en Jerusalén” que va sobre el juicio de Adolf Eichmann, uno de los máximos responsables de la solución final judía, que se escapó a Argentina en los 60, volvió a Israel y lo ejecutaron. Y en este libro, Hannah Arendt hablaba de una cosa terrorífica que es la banalización del mal. Contaba que muchos de los comandantes de los campos de concentración, esos hombres que ves en las películas de uniforme impecable que se fuman un cigarrillo mientras ven a miles de personas que se bajan del tren, viéndolos desfilar hacia la muerte, viéndolos sin pestañear, ese tipo que es el jefe de la máquina del mal de la perversión absoluta, ocho años antes era el vecino perfecto. Eran padres de unos niños preciosos, rubitos, con una mascota, con una casa preciosa. Médicos, ingenieros, miembros del coro de su iglesia… No solo era el vecino perfecto; era el tipo de persona que tu querrías que fuera tu amigo. ¿Qué había pasado? ¿Cómo era posible que ocho años después esa misma persona estuviera en un andén viendo bajar a cientos de personas, tal vez algunos de ellos sus antiguos vecinos, sin pestañear e interiorizado que lo que estaba haciendo estaba bien? ¿Cómo se hizo ese cambio?

Antes te ponía el ejemplo de como podías ir del bien absoluto al mal absoluto por una necesidad. Te digo “mata” , eso está mal. Si yo te digo “si no matas tu, morirán tus seres queridos” entonces lo haces. Mira como te diriges hacia lo oscuro pero por una buena causa, pero no puedes ir hacia lo oscuro por una mala causa. Somos los seres humanos con nuestras decisiones del día a día los que decidimos en que punto estamos. Y eso es la historia del fondo de los Fulgor.

Todos los protagonistas, todos oscilan entra un punto y otro. Unos están más cerca de la luz absoluta y otros están más cerca de la oscuridad absoluta pero todos al fin y al cabo se mueven en esa delgada líneas. Y ojo, todos se mueven según sus decisiones y Cassandra tendrá que tomar decisiones y esas la acercan al mal.

¿En que estás trabajando ahora?

En mi siguiente novela que saldrá entre finales de este año y principios del otro. Un young-adult distópico. Y te puedo contar que me pasó una cosa muy divertida, porque cuando le propuse la idea en la editorial se revolucionaron, se volvieron locos porque era una idea sumamente increíble. Y que editores ya veteranos de Planeta les brillen los ojos cuando les cuentas una idea, es maravilloso. Aun le tengo que dar forma pero ya hay algo.

¿Se sabe algo de esos planes cinematográficos sobre Apocalipsis Z?

Hay muchas cosas dando vueltas de varios libros. Algunos más avanzados que otros pero todos están en marcha y todos tarde o temprano van a llegar a algún puerto. Por ejemplo, hay unos que están avanzados, que ya hay contratos firmados, con canales de televisión, con productoras. Ya están en un estado más avanzado mientras otros están en una fase más larvaria y otros, como Apocalipsis Z , lleva un viaje larguísimo pasando de mesa en mesa, de productora en productora, de canal de televisión a canal de televisión, en varios países e idiomas… lo que demuestra la enorme dificultad que tiene el transformar una novela en una película o una serie de televisión. La gente piensa que es muy fácil y no se da cuenta de que solo en España se publican 74 mil libros al año pero a penas se hacen unas 500 o 700 películas y no todas ellas están basadas en libros. Y series se hacen unas 50 o 60. Es decir, es un camino complicado, lleno de escollos y es muy difícil transitar por ellas pero todo está avanzando, lo cual es maravilloso y tarde o temprano todas tocarán algún puerto.

Hace tiempo, contabas en una entrevista que habías recibido un mensaje de un hombre que vivía en una isla que pertenecía a Australia, en las Antípodas y que te felicitaba por tu libro de Apolipsis Z. ¿Qué se siente cuando sabes que te leen en todo el mundo?

Es una sensación muy extraña. Porque por una parte, el ego de escritor se satisface. Mira esa columna de la estantería de ahí. Todo eso es mi “egoteca” todas las ediciones de mis libros traducidos a diferentes idiomas. Y no están todos ahí.

EgotecaEl ego del escritor, que es delicado, se alimenta de este tipo de cosas y al mismo tiempo también es una responsabilidad enorme y de repente te das cuenta de que estás escribiendo para un público. Y también te hace darte cuenta de otra cosas y es que, da igual donde vivas, da igual en que idioma te expreses, las historias son universales. Las historias pueden llegar a todo el mundo, de cualquier condición cultural y no hace falta vivir en Maine, California. Londres o Nueva York, no hace falta apellidarse Smith o Jones para de repente escribir algo que pueda llegar a todo el mundo.

Han cambiado las reglas del juego

Ahora mismo vivimos en un gran… es que a mi el término “aldea global” me repatea porque me suena pequeño, pero que vivimos en una gran comunidad muy interconectada donde ahora todo el talento tenga una gran capacidad de expansión mucho mayor. Y eso está bien, es genial y he tenido la oportunidad de beneficiarme de eso. Tengo cientos de miles, millones de lectores en todo el mundo, que es fantástico. Lectores de extracciones culturales totalmente diferentes, porque ya me dirás tu que tienen en común Northall con uno de Seul, con uno de Topeka con otro de París, con uno de Berlín, otro de Londres y otro de Villanueva de la Polvorosa. No tienen absolutamente nada en común. Lo único es que todos ellos son humanos, tienen emociones humanas y son capaces de disfrutar una historia que le haga vibrar esas emociones.

Y ese es mi trabajo y es un trabajo fantástico.

Además, da igual que la historia se desarrolle en un lugar como Pontevedra o Vigo.

Si eres capaz de leer una historia sobre un asesino en un país nórdico, de estos autores de novela negra sueca. Si eres capaz de leerte una historia que está ambientada en un pueblo perdido de Estados Unidos. Si eres capaz de leer una historia de los hermanos Karamazov que está ambientada en la Rusia zarista ¡Da igual! Da exactamente igual. Lo importante es que las historias toquen y hagan vibrar las emociones humanas que son las que nos hermanan.

Tu empezaste, hace ahora diez años, escribiendo en un blog por pura diversión, lo que en su momento fue Apocalipsis Z y en algún momento alguien te dijo “Esto me gusta, te lo voy a publicar” ¿Qué hace que des el salto de una afición en un blog a decir “voy a probar y me voy a meter en el mundo editorial”?

Es una decisión que es tan obvia que es casi lógica. Yo estaba escribiendo una cosa que era un divertimento para mi. El blog se transformó en un fenómeno viral, tenia un millón y medio de lectores. Era un rock and roll loquísimo y de repente un día se pone en contacto conmigo mi primera editorial y me dice “Oye, que podemos publicar esto en papel y hacerlo una novela ¿Qué piensas?” y mi respuesta fue “ A ver, déjame pensar un segundo ¡Claro!”. Una persona como yo que ha sido lectora compulsiva toda su vida, que ha ido acumulando libros, la posibilidad de ver algo tuyo en papel era demasiado goloso como para rechazarlo. Lo que yo no podía sospechar es que ese era el inicio del camino por el que iba a transitar el resto de mi vida.

Recuerdo con ternura enorme mis expectativas tan nímias que me hacía con ese libro “una primera tirada de tres mil ejemplares” ¡Eso me parecía una locura!. Pero aquella primera tirada se transformó en 16 o 18 más y de repente saltó a una multinacional, comencé a publicar en otros países. Seguía escribiendo libros, se seguían vendiendo y de repente me di cuenta un día que algo había cambiado. Que el Manel Loureiro escritor se había ido a vivir a la casa de Manel Loureiro abogado, lo había asesinado silenciosamente, se había hecho un caldo con su carne y sus huesos, se había quedado con su ropa, su familia y estaba ocupando su lugar. Aquel abogado había desaparecido y estaba yo.

Has sido invitado al Festival Celsius 232 de este año ¿Qué expectativas tienes?

Celsius es uno de esos festivales que si no existiese había que crearlo. Yo ya he estado otros años y el Celsius es especial por varios motivos.

Primero por el ambiente que tiene que es diametralmente distinto. Sacando la semana negra que es en Gijón y que es como un spin off del Celsius, tiene gente en común y un entorno muy parecido. El ambiente que hay en la calle. Esa mezcla entre lectores y escritores, es fantástico. Tu puedes estar en una terraza y de repente se sienta Joe Abercrombie en tu mesa. Y de repente piensas “Qué puñetas haces aquí Joe Abercrombie porque yo alucino contigo” y de repente te levantas, vas a otra mesa y te encuentras con un montón de lectores que están hablando contigo. Es esa mezcla, esa sensación de vibración de que aquí estamos todos para contar algo y aquí estamos todos compartiendo una pasión común que es un tipo de historia.

¿Qué estás leyendo ahora mismo?

Yo siempre leo 3 o 4 cosas a la vez.. Ahora mismo estoy leyendo un libro que tengo en el Kindle que no recuerdo su título, es de un autor norteamericano, Gary Bennett. Realmente es una historia muy divertida, aunque no recuerdo el título. Es un tecno-thriller acerca de que pasaría si Irán pudiera desarrollar una tecnolgía que pudiera superar la de cualquier país occidental y de repente abren un pequeño agujero negro. Es una historia super fascinante y la verdad es que es un easy reading que está muy bien, es muy divertido.

Estoy leyendo también un ensayo sobre la vida de Robespierre que es una cosa densa, de esas de masticar, muy interesante.

Manel LoureiroEstoy leyendo el último volumen de Abercrombie, precisamente de esa serie, Media Guerra, que me parece fascinante esa forma de jugar con los personajes, como transformar una secundario en un personaje principal y uno principal en uno secundario que se vayan mezclando.

Y estoy leyendo otro libro más pero ahora mismo no me acuerdo del título. Siempre estoy con varios libros y como puedes ver, me gusta que sean palos distintos porque es una manera de que tu puedas tomar temperatura del agua en distintos sitios. Si te paseas por estas estanterías te darás cuenta de que hay libros muy distintos de características muy distintas y que están mezclados, muy mezclados. Eso es algo que cuando yo me di cuenta de que tenía muchos volúmenes mezclados me acordé de algo que había leído hacía muchos años, de un autor francés, un tal Julio Verne, no se si te suena. Una novelita muy poco conocida que se titula “Veinte mil leguas de viaje submarino” y en esa novela, cuando el profesor, el arponero, son rescatados y llevados a bordo del Nautilus. Ned Land se llamaba aquel hombre y el profesor. Y de repente, están paseando por el Nautilus y una de las cosas que les llama la atención es que había mucho volúmenes, de muchas temáticas distintas pero que todos estaban mezclados al azar. Sin ningún orden prefijado entre ellos. A mi aquello me pareció precioso, me parecía que era una especie de singularidad tan maravillosa que de repente un día cuando me encontré con lo que hay aquí, 4000 o 5000 ejemplares, me di cuenta de que yo quería ordenar esos libros así. Las colecciones van juntas, obviamente pero es eso.

Y…y no se a que venía eso.

Que te encanta tu biblioteca. ¿No es difícil de encontrar un libro?

No, no. Yo los encuentro sin problemas.

Para Fulgor ¿Cómo te documentaste para ella?

Hablé con muchos médicos y visité varios centros psiquiátricos para saber que si la imagen que teníamos de “Alguien voló sobre el nido del cuco” con Jack Nicolson pegando berridos y un indio gigante arrancando fuentes de beber, y salas acolchadas y… por saber si la realidad era otra cosa. Y es otra cosa.

Es algo mucho más moderno, obviamente no he hecho una transcripción literal, lo he novelizado porque quería hacer una versión que se ajustase a lo que yo necesitaba porque es muy educativo. Porque yo estaba hablando con pacientes ingresados y te estás dando cuenta de que estás hablando con gente que tiene una percepción muy distorsionada de la realidad. Y te planteas si no serás tu el loco. Porque tu estás segura de que estás aquí hablando conmigo, absolutamente segura.

A no ser que estemos en Matrix -risas-

O que estés en una cama, en coma desde hace 3 años y todo esto te lo estés imaginando. O resulta que tu estás en una celda, sentadita en una esquina, llena de Benzodiacepina hasta arriba, babeando y todo esto te lo estás imaginando. Y eres una señora de 40 años o un señor de 60 años y llevas así toda tu puta vida. Y esto es una fantasía ¿Eso como lo puedes saber? No hay manera de saberlo, es un pensamiento tan absolutamente vertiginoso que hace que todo a lo que te aferras que es el mundo real se deshaga entre tus dedos que da demasiado miedo.

¿Qué aconsejarías a un escritor en ciernes?

Varias cosas.

La primera es que lea mucho. Cuando digo mucho digo mucho en mayúsculas. Cuando digo mucho digo mucho en mayúsculas, subrayado, en negrita, exclamaciones y si tienes un fluorescente ponle por encima. Mucho es muchísimo. Lee mucho y lee un montón de cosas muy distintas. No te ciñas solo aun género, lee desde el tipo más rabiosamente moderno hasta clásicos. Es la única manera que vas a tener para aprender a contar cosas. La única manera que vas a tener para que ese cuadro figurado que es un libro tener muchos más colores en tu paleta. Es la única manera. No hay una manera de aprender a escribir que no esa leyendo. Punto.

Y el que te quiera convencer de lo contrario, miente. Y el que te diga “ no, no, no, no solo con talleres literarios” ¡Mentira! La única manera de escribir es leer. Muchísimo y no parar de leer nunca porque es la única manera de escuchar voces hasta encontrar la tuya propia.

…Si, escuchar voces es normal.

Después, que cuando empieces a escribir, hazlo por ti. Hazlo porque te apetece contar una historia, hazlo porque te lo estás pasando bien. No escribas pensando “esto me lo tienen que publicar, esto tiene que ser un best-seller, esto lo tienen que leer…” ¡No! Escribe para ti, porque te gusta, porque disfrutas. Si no lo haces, se nota. Si se nota, no va a valer.

Cuando hayas escrito algo que te gusta, que te apasiona, es ahí el momento en el que tiene que dar vueltas. Si escribes una historia al fin y al cabo es para compartirla con alguien. Con cuanta más gentes la compartas mejor. Eso va a depender de un montón de factores que no están a tu alcance controlarlos por lo que no te puedes agobiar, nunca. Y nunca bajes los brazos si una cosa te sale torcida porque la siguiente puede salir bien y nunca dejes de contar historias.

A los seres humanos nos encanta escuchar historias, que nos cuenten historias y contar historias.

¡Muchas gracias por todo Manel!


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